#NiUnaMenos Córdoba: “La bronca por Agustina nos va a volver a encontrar en las calles”

A once años del primer Ni Una Menos, el femicidio de Agostina en Córdoba volvió a encender una indignación que atraviesa a los feminismos en todo el país. En diálogo con El Hilo Invisible, Silvana Bustos, integrante del colectivo Ni Una Menos Córdoba, describió el momento con una frase que sintetiza el clima de estas horas: “dolor y bronca”. Pero también habló de otra cosa: del regreso a la calle, del reencuentro entre compañeras y de la posibilidad de que esta nueva conmoción abra un ciclo de reorganización transfeminista.

Bustos sostuvo que el caso de Agostina tuvo una fuerte repercusión nacional, pero advirtió que no se trata de un hecho aislado. Lo inscribió en un contexto político y judicial más amplio, marcado por el avance de discursos conservadores, por el cuestionamiento a herramientas conquistadas por el movimiento feminista y por un gobierno nacional que, señaló, tiene al feminismo y al transfeminismo entre sus enemigos predilectos. En ese escenario ubicó también el proyecto sobre “falsas denuncias”, los intentos de relativizar la violencia de género y la puesta en discusión de figuras como el agravante por femicidio.

Para la referente cordobesa, la conmoción generada por el crimen de Agostina puede transformarse en un punto de inflexión. Contó que en distintos puntos del interior provincial comenzaron a reactivarse espacios que hacía tiempo no realizaban acciones propias: colectivas que vuelven a organizar murales, intervenciones y concentraciones. Esa reaparición, dijo, expresa algo más profundo que una reacción momentánea: muestra que existe una necesidad de volver a encontrarse, de reconstruir la trama feminista en medio de un tiempo hostil, atravesado por la precarización, el pluriempleo, las tareas de cuidado y las dificultades materiales incluso para llegar a una marcha.

En la entrevista también apuntó contra el accionar judicial en el caso. Recordó que ya existen pedidos de jury contra dos fiscales: Iván Rodríguez, quien en 2025 dejó en libertad a Barrelier (el único detenido por el femicidio) tras una denuncia por privación ilegítima de la libertad, y el fiscal Garzón, a cargo de la búsqueda de Agostina. Bustos cuestionó la demora en la toma de la denuncia, las horas perdidas en la investigación y la inoperancia estatal frente a una desaparición que requería respuestas urgentes. Más allá de lo que indique el expediente, remarcó que hubo una justicia que no estuvo a la altura y que debe dar explicaciones.

Otro de los puntos que subrayó es el “clima de época” que habilita estas respuestas institucionales. Según planteó, hoy existe una legitimación política para minimizar la violencia machista, nombrar los femicidios como homicidios comunes y desarmar el sentido de las conquistas logradas en la última década. En ese marco, Bustos recordó que aunque la figura del femicidio fue incorporada al Código Penal en 2012, comenzó a aplicarse con mayor fuerza a partir de la masividad de las movilizaciones de 2015. Por eso, insistió, volver a las calles no es un gesto simbólico sino una intervención concreta sobre la realidad: cada vez que el movimiento feminista logra encontrarse, algo se mueve.

Con Córdoba como futura sede del Encuentro Plurinacional, la dirigente consideró que este momento también puede empujar una articulación más amplia entre organizaciones, asambleas y colectivas. “Nos va a volver a encontrar”, repitió, como una forma de nombrar esa potencia política que emerge cuando el dolor se vuelve colectivo. En un país donde el retroceso en derechos intenta instalarse como normalidad, la respuesta feminista vuelve a tomar forma en las plazas, en las marchas y en la decisión de no soltar la calle.