Cada 9 de Julio vuelve una escena conocida: el feriado, los actos escolares, las banderas, las imágenes de Tucumán y una palabra que parece indiscutible, pero que en realidad sigue cargada de preguntas: independencia. ¿Qué significó en 1816? ¿Qué quedó de aquel gesto político? ¿Y cuánto de esa discusión sigue todavía sin resolverse?

La historiadora y docente de la Universidad Nacional del Comahue, Sabrina Aguirre, propuso en Antena Libre volver sobre esa fecha no como una efeméride cerrada, sino como una puerta de entrada para pensar un problema todavía vigente. Recordó que entre 1810 y 1816 se atravesó un proceso largo, conflictivo y complejo, en el que no sólo se discutía cómo reemplazar al poder virreinal, sino también qué tipo de gobierno y qué modelo de país podía construirse a partir de esa ruptura.
En esa línea, planteó que el 25 de Mayo y el 9 de Julio suelen aparecer en la memoria escolar como fechas cercanas, pero muchas veces confundidas. La Revolución de Mayo abrió un primer momento de quiebre con la autoridad colonial, mientras que la declaración de la independencia vino a cerrar, al menos formalmente, el debate sobre la subordinación política a España y a cualquier otra dominación extranjera. Sin embargo, ese cierre no significó el fin de los conflictos. Más bien inauguró nuevas disputas.
Para Aguirre, una de las claves del proceso histórico argentino está en que siempre existieron debates de fondo sobre el modelo de país. Detrás de los cambios de gobierno, de las formas institucionales y de las disputas entre distintos sectores, se sostuvo una pregunta persistente: hacia dónde debía mirar la Argentina y a quién debía responder. Según señaló, esa discusión se resolvió sólo parcialmente hacia fines del siglo XIX, con la consolidación de un modelo de país “de espaldas a la propia población y mirando hacia afuera”.
Desde esa perspectiva, la independencia no puede pensarse únicamente como una ruptura política con la corona española. También obliga a revisar las distintas formas de dependencia que se fueron configurando después. Si en el siglo XIX la dominación podía verse con más claridad en términos políticos o militares, en la historia más reciente adoptó sobre todo una forma económica, aunque sin dejar de tener efectos directos sobre la soberanía política.
En ese punto, Aguirre sostuvo que hoy el debate por la independencia pasa por cuestiones concretas y muy actuales: la deuda externa, el control del comercio exterior, la administración de la hidrovía Paraguay-Paraná, la explotación de recursos estratégicos y el peso que tienen organismos internacionales y acreedores sobre las decisiones internas del país. En otras palabras, planteó que la independencia sigue siendo una discusión abierta, pero ahora con un rostro más económico que el que tenía en 1816.

La reflexión también alcanzó al presente político internacional. La historiadora compartió que la subordinación explícita del gobierno argentino a potencias extranjeras y la cesión de margen de decisión en cuestiones estratégicas vuelven a poner en primer plano una pregunta incómoda pero necesaria: cuánto decide hoy la Argentina sobre sí misma. En un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, disputas por recursos naturales y nuevas formas de presión económica, la soberanía deja de ser una consigna abstracta para convertirse en un problema urgente.
Frente a eso, Aguirre propuso no quedarse sólo con la historia de los “grandes hombres”, aunque reconoció figuras centrales como Belgrano y San Martín, sino pensar la independencia como una construcción colectiva, ligada a los pueblos, a las luchas y a las mayorías que siguen disputando el rumbo del país. Por eso, más que una fecha para repetir de memoria, el 9 de Julio puede ser una ocasión para volver a preguntarse qué independencia tenemos, cuál nos falta y qué decisiones harían posible una soberanía más real, más democrática y más profunda.
A 210 años de aquella declaración, la pregunta sigue en pie. Tal vez la independencia no sea solamente una conquista del pasado, sino una tarea inconclusa del presente, que hay que replantear, hacer visible y luchar colectivamente.

