
Un proverbio chino nos recuerda que «por alto que crezca el árbol, las hojas caídas regresan a su raíz». Y es desde ese lugar que Karina Gao nos invita a repensar nuestras cartografías personales espejados en su propia vivencia de migrante.
«Hacia el Oeste», su última publicación por editorial La Crujía, nos atrapa con su visión de mundo y nos sugiere recetas para degustar nuestro transitar diario. Hay, claro, platos de madre suculentos y de sabores extraordinarios y texturas variopintas. Pero también hay un «recetario» de vida no romantizada sintetizado en aquello que la propia Karina dice: «soy una fracasa serial, y eso me permitió llegar al lugar que ocupo hoy».

Referente culinaria de los medios audiovisuales, empresaria gastronómica, economista con formación europea, interculturalista de sólida convicción. Y también madre que deja ser y amiga que comparte la charla «un miércoles al mediodía, cosa impensada para la cultura china». Karina Gao cuenta parte de su hechura de «Hacia el Oeste» (así, con mayúsculas) al micrófono de Omar Gonzalez en La libroteca:


