
El Arroyón es un canal derivador del río Neuquén que transporta agua al Lago Pellegrini, ubicado a pocos kilometros de Cinco Saltos, en donde varias familias se han afincado en los últimos años, con la idea de producir sus propios alimentos y desarrollar proyectos agroecológicos, vinos, pimentón, semillas, entre otros tantos cultivos que se dan, conforme al ecosistema que ofrece el lugar. Pero de un tiempo a esta parte, todo ese desarrollo se ve amenazado por la explotación de gas y petroleo que viene avanzando de manera indiscriminada, sin información, sin debate y de manera arbitraria y contradictoria, dado que se trata de imponer el extractivismo en una zona que hasta ahora era agrícola, como si fueran dos actividades compatibles en el mismo territorio.
Allí la lucha recién está comenzando, porque los vecinos recién ahora están transitando un proceso de concientización, a través de las primeras reuniones en donde empieza a circular información sobre los peligros que representaría la instalación de 147 pozos de fraking, la cual ya ha sido anunciada por el gobierno provincial. El próximo 10 de octubre se realizaría la apertura de sobres para la licitación entre empresas extranjeras.

El sábado pasado los vecinos de Cinco Saltos, Almirante Cordero y El Arroyón organizaron una gran caravana que partió desde la plaza de Cinco Saltos hacia la costa del lago. Estuvieron acompañados por referentes de varias asambleas ambientales de la región, unidos por la misma preocupación.
«Nos enteramos por los medios», dice Natalia Soto, productora agroecológica que vive en El Arroyón desde hace 16 años. En todo ese tiempo ha venido desarrollando su producción, sembrando, trabajando la tierra, guardando sus semillas; como tantos otros que llegaron al lugar tentados por las políticas productivas que alguna vez se planificaron desde el mismo estado provincial.

Uno de los primeros en llegar al lugar fue Don Franklin Cáceres, atraído por esta perspectiva de producción de frutícola. A partir de allí fue que empezó a trabajar la tierra, primero viajando desde Cipolletti, y luego radicandose en inmediaciones de El Arroyón. Así, durante años, fue creando las condiciones necesarias para que hoy exista un micro clima óptimo para la producción de frutas y verduras, entre otros proyectos, como el de pimentón ecológico, o el de apicultura. Hoy cuenta que tiene tembién dos hectareas de alfalfa y más de 30 plantas en etapa de prueba.
Dice Don Franklin: «ahora los productores estamos con un susto bárbaro por el proyecto de fraking que se viene, ahora mismo ya está bajando el nivel que tenía el agua que se utiliza para riego». Y cuenta una experiencia que bien podría ser la escena inicial de una de esas películas apocalípticas. En su campo tiene una perforación de 7 metros, de donde extrae el agua que utiliza para riego, mediante un sistema de bombas. Además de que el caudal de agua ha bajado medio metro en los últimos meses, dice que al bajar él al pozo a controlar, suele escuchar los ecos de extrañas explosiones subterráneas, una experiencia tremendamente desconcertante para alguien que durante años ha venido preparando esa tierra para el desarrollo de sus cultivos.

El sábado fue la primera movilización organizada por la comunidad afectada, allí estuvieron sus banderas, sus volantes, su ceremonia ancestral mapuche, y un abrazo al lago, entre cantos y voces de vecinxs y referentes ambientales como Martín Alvarez Mullally, del Observatorio Petrolero Sur, Lidia Campos, de la Asamblea Permanente del Comahue por el Agua Allen, Leonardo Salgado, de la Asamblea Socioambiental de Cipolletti, o Carlos Carrascós, histórico dirigente frutícola que sostiene que la lucha que llevaban adelante los pequeños productores ya en los años 90 aún no ha sido saldada, que «sigue siendo la misma lucha de siempre, pero ahora se le suma esta otra contra el fraking», tal vez un poco más peligrosa, pero tal como era entonces, el monstruo a frenar sigue estando protegido por el poder.
Cobertura: José Luis Denino y Marcelo Pellejero
Crónica y fotos: Marcelo Pellejero

