
Víctor Moriñigo, ex presidente del Consejo Interuniversitario Nacional, repasó en Antena Libre el primer aniversario de la multitudinaria marcha del 23 de abril de 2024. Fue, dijo, “la mayor defensa civil por la educación pública” y la respuesta al ajuste que observaban rectores y gremios tras cinco meses de silencio oficial.
Con inflación cercana al 200 % y partidas congeladas, las gestiones formales fracasaron. La masividad sorprendió incluso a sus organizadores: “Familias sin banderas, solo pensando en el futuro de sus hijos”, recordó. Dos semanas después llegaron fondos extra para gastos de funcionamiento; sin esa presión, asegura, muchas sedes hubieran cerrado.
El refuerzo nunca tocó salarios ni becas. “Dos presupuestos consecutivos sin actualizar erosionan sueldos y ciencia”, advirtió. Jóvenes investigadores emigran y docentes renuncian porque el boleto de colectivo cuesta más que la hora de cátedra. El sistema “se está licuando” lentamente.
Desprestigio sin pruebas
Moriñigo repudió el relato que tilda a las universidades de “nidos de adoctrinamiento”. En un año no hubo denuncias formales ni auditorías que sostengan esas acusaciones. “Fue humo para no hablar de financiamiento”, afirmó.
Si bien el Gobierno entendió que la educación no admite motosierra, el ex presidente del CIN teme un ajuste por goteo y reclama mantener la agenda universitaria en la calle: “El 23 de abril demostró que la universidad pública es el ascensor social de ‘los nadie’. Vale la pena defenderla cada día”.

