Una muestra para volver a mirar: las memorias de hijos e hijas de personas desaparecidas llegan a la FADECS

La Biblioteca Ernesto Sábato de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales abre puertas este jueves 20 de agosto a una actividad en torno a “Imagen y memoria. Retratos para no olvidar”, la muestra fotográfica itinerante del colectivo Son Miradas. La propuesta reúne imágenes y testimonios de hijos e hijas de personas detenidas desaparecidas durante el terrorismo de Estado.

Una de las fotografías que integran la exposición es la de Pablo Hodola, hijo de trabajadores vinculados a YPF que debieron abandonar Plaza Huincul en 1975, luego de un primer operativo represivo del Ejército en la localidad. En una entrevista con «El Hilo invisible», Hodola reconstruyó su historia familiar y reflexionó sobre los vínculos que permitieron concretar la muestra.

El proyecto comenzó a gestarse durante 2025 a partir de los contactos establecidos por integrantes de Son Miradas con cada una de las personas retratadas. Hodola explicó que no hubo inicialmente una reunión general, sino conversaciones personales y encuentros destinados a generar confianza antes de registrar las imágenes y los testimonios.

Entre quienes participaron de esa construcción mencionó a Omar Maralauri, Ivana Nobel, Daniela y Marcela. Los nombres, lugares y recorridos fueron revelando una trama previa, tejida durante décadas por la militancia, los organismos de derechos humanos, las familias y las relaciones nacidas alrededor de la búsqueda de memoria, verdad y justicia.

En su caso, el acercamiento se fortaleció cuando recibió el mensaje de Ivana Nobel, hija de Cristina Vega. Su padre había conocido al padre de Pablo en la Universidad Nacional del Comahue. También encontró dentro del proyecto a personas relacionadas con antiguos compañeros de Plaza Huincul y con Roberto “el Gato” Fuentes, militante y trabajador que falleció el año pasado.

“Fueron apareciendo esas líneas”, relató Hodola al referirse a las conexiones familiares, políticas y afectivas que hicieron posible el encuentro. Finalmente, la primera conversación presencial se realizó en la casa de Ivana. Allí, antes de tomar la fotografía, hubo preguntas, presentaciones y un intercambio que permitió ir más allá de los datos escritos previamente.

Una vida atravesada por la persecución

El testimonio de Hodola permite reconstruir parte de la represión estatal desplegada antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Su padre, Oscar, trabajaba en la coordinación administrativa de YPF en Plaza Huincul, mientras su madre era ama de casa. Pablo había nacido el 2 de septiembre de 1975.

El 11 de noviembre de ese mismo año, el Ejército realizó un operativo en el barrio Soufal, donde vivía la familia. Sus padres consiguieron escapar con él porque el bebé se encontraba internado por un problema de salud. Al recibir el aviso sobre el procedimiento represivo, Oscar lo retiró del hospital sin autorización y la familia comenzó una vida en la clandestinidad.

El traslado hacia Buenos Aires se realizó mediante una red de compañeros y contactos construida previamente. En ese recorrido tuvieron un papel importante personas relacionadas con Héctor “Tito” Campos, trabajador de YPF y compañero de Oscar. Campos había muerto en el combate de San Gabriel, cerca de Tucumán.

La formación salesiana del padre de Pablo también permitió establecer contactos en Morón. Cada vínculo aportó un lugar donde permanecer, una información o una posibilidad para continuar escapando. Esa trama de solidaridad fue indispensable para una familia perseguida por el aparato represivo.

Años más tarde, Hodola emprendió su propia búsqueda para conocer qué había sucedido con sus padres y reconstruir las circunstancias que rodearon su secuestro. Entre 2003 y 2009 —y también durante los años posteriores— realizó numerosos viajes a Buenos Aires, reunió testimonios, consultó documentación y buscó a quienes habían compartido distintos momentos con ellos.

El relato personal que acompaña su fotografía no surgió, por lo tanto, de una única entrevista. Es el resultado de años de preguntas, viajes, conversaciones y reconstrucciones. En ese proceso, la memoria aparece como un trabajo activo: no sólo permite recuperar hechos del pasado, sino también comprender las redes de solidaridad, militancia y persecución que atravesaron a toda una generación.

Retratos sostenidos por las palabras

La propuesta de Son Miradas no se limita a exhibir fotografías. Cada imagen está acompañada por una historia, una voz y una experiencia marcada por la ausencia, la búsqueda y la transmisión entre generaciones.

Para Hodola, el proceso de construcción de la muestra tuvo como punto de partida la conversación. Antes de colocarse frente a la cámara fue necesario conocerse, compartir preguntas y generar un ámbito de familiaridad. La fotografía se convirtió así en la expresión visible de un intercambio mucho más amplio.

Los retratos permiten reconocer que detrás de las cifras del terrorismo de Estado existen historias familiares concretas. También muestran las distintas maneras en las que hijos e hijas construyeron sus vidas, recuperaron información y encontraron espacios colectivos para narrar lo sucedido.

La llegada de la muestra a la Biblioteca Ernesto Sábato suma además una relación simbólica particular. Durante la entrevista, Hodola contó que actualmente se encuentra leyendo Resistencia, de Ernesto Sábato, sin saber previamente que la exposición sería presentada en una biblioteca que lleva el nombre del escritor. La coincidencia, señaló, forma parte de esas conexiones que suelen aparecer alrededor de los procesos de memoria.

Memoria regional y universidad pública

La muestra también recupera la historia de la represión en la Patagonia y su relación con espacios laborales, estudiantiles y comunitarios. Los testimonios permiten rastrear vínculos con YPF, la Universidad Nacional del Comahue, las fábricas recuperadas, las Madres de Plaza de Mayo y las organizaciones que sostuvieron durante décadas la búsqueda de justicia.

Su presentación en la FADECS convierte a la universidad pública en un espacio de encuentro entre esas memorias y las generaciones actuales. No se trata únicamente de observar imágenes, sino de recorrer historias ligadas a la región y comprender que el terrorismo de Estado comenzó antes del golpe de 1976.

La actividad invita a detenerse frente a cada retrato y reconocer las experiencias personales que forman parte de una historia colectiva. Frente a los intentos de relativizar los crímenes de la dictadura o borrar sus consecuencias, la exposición propone volver a mirar, escuchar y transmitir.

 

“Imagen y memoria. Retratos para no olvidar” ya se encuentra montada en la Biblioteca Ernesto Sábato de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. La muestra puede ser recorrida con el acompañamiento del personal de la biblioteca y forma parte de una acción que reafirma el compromiso de la universidad con la memoria, la verdad y la justicia.