«The Beatles Diferente» pretende reinventar la leyenda (y lo logra)

Por Omar Gonzalez

Enfrentarse al cancionero de Los Beatles siempre es arriesgado.
Para cualquier ensamble en el mundo, versionar a los cuatro de Liverpool supone caminar por la fina cornisa de presentar una copia deslucida y nostálgica, o excederse en la irreverencia que sepulta la obra original. Sin embargo, lo que ocurrió este sábado 1 de agosto en la Fundación Cultural Patagonia (FCP) fue una alquimia perfecta, ya que con entradas agotadas y una sala vibrante “The Beatles Diferente” demostró que hasta las obras maestras absolutas aún tienen secretos por revelarnos.

El espectáculo se presentó no solo como un concierto, sino como una verdadera declaración de principios. Bajo la promesa de explorar nuevas texturas y matices, el equipo de la FCP logró una propuesta exquisitamente concebida que se plantó sobre el escenario de la calle San Luis 2085 como una celebración genuina del espíritu innovador que siempre caracterizó a John, Paul, George y Ringo.

Un prisma sonoro inexplorado

Desde los primeros acordes, quedó claro que no estábamos ante una banda tributo convencional. La genialidad de la noche radicó en cómo himnos que llevamos tatuados en la memoria colectiva fueron deconstruidos y vueltos a armar con ropajes inesperados. Así, el repertorio transitó con una fluidez asombrosa por un arco iris de géneros. ¿Quién hubiera imaginado la melancolía de “Eleanor Rigby” o la urgencia de “Help” coqueteando con el acid jazz o el metal?

A lo largo de la noche, presenciamos pasajes de pop cristalino, soul profundo, reggae cadencioso, suaves brisas de Bossa Nova, una suerte de sub-homenaje a la multifacética Rita Lee, a la intro de las “Mil horas” de los Abuelos y hasta un atrevido y fascinante acercamiento al folclore de corte ginasteriano. Todo esto, respetando la médula espinal de cada composición, pero dinamitando los moldes tradicionales.

Voces y presencias escénicas

En el apartado vocal, el abanico de emociones fue absoluto. A los ya virtuosos timbres a los que nos tiene acostumbrados el elenco de la FCP, se sumó una evocación escénica brillante, con «los cuatro de Liverpool» subidos espiritualmente a las tablas a través de un cuidado tratamiento audiovisual que permitió que la banda interpretase los acordes en vivo, que John cantase y que Paul y George apoyasen con sus armonías vocales.

Hubo ovación para la interpretación de los y las cantantes Pablo Aristimuño, Marcela Caldironi, Natalia Joubert, Alfonsina Magariño y Gastón Cruz quienes se adueñaron del escenario, dotando a clásicos como “Let it be”, “Across the universe” o “All you need is love” de una personalidad arrolladora.

Claro que, sobre el final, hubo un momento particular que erizó la piel de quienes asistieron la estreno tras la irrupción de una voz aguardentosa y desgarrada -con claros ecos al legendario Joe Cocker-, que elevó la interpretación de “With a little help from my friends” a un nivel estratosférico, recordando que el rock, antes que partitura, es pura víscera.

Pero la experiencia no fue únicamente auditiva. Sutil aparece la virtuosa tarea de Tato Cayón -director de todo el espectáculo- quien sumó a la puesta en escena un magistral contrapunto visual a la riqueza de la música. Melina Novoa y Guadalupe Cornejo regalaron momentos de pura magia, desplegando su esplendor en el aire con acrobacias y coreografías aéreas que terminaron de enmarcar la poética de la noche.

Eso permitió que se lucieran (¡aún más!) la escenografía y el vestuario que propusieron Karina Acosta y Luz Pérez.

Un ensamble impecable

Para sostener una arquitectura musical tan compleja, se necesita un andamiaje técnico e interpretativo de primer nivel. El peso de la instrumentación recayó sobre el imbatible grupo Rock FCP y un exquisito grupo de artistas invitados que aportaron la amalgama sinfónica y de vientos necesaria.

La banda base de siempre con Guillermo Pérez (guitarra y voz), Ángel Pino (guitarra), Sebastián Mozzoni (bajo eléctrico) y Cristian Vallejos (batería).
El ensamble extendido con Nahuel Salazar (teclado y piano), Laura Fuhr (viola), Laura Covicchi (violonchelo), Emanuel Repol (trombón), Roberto Tito Palacios (trompeta), Emmanuel Nahuelanca (saxo).

Cuando los últimos acordes de “Hey Jude” resonaron en el auditorio -tras un afinadísimo coro de 400 personas que tarareó el estribillo- y la ovación cerró la noche, la sensación generalizada era la de haber asistido a un hito. “The Beatles Diferente” no solo revivió la música de una época, sino que demostró que el verdadero homenaje a los genios no es calcarlos, sino atreverse a jugar con su legado.

Una noche donde la FCP, una vez más, nos recordó por qué el arte vivo es irreemplazable. Y si ese arte es integral, mucho mejor.