
Cada día son más las personas que se las rebuscan en la calle con ventas ambulantes. La mayoría de ellos están desocupados o llegan desde el norte del país en busca de un mejor pasar. Este es el caso de Mariela, que junto a su esposo y varios hijos salen a vender frutas como bananas, palta, nueces, frutilla, entre otros productos.
La mujer asegura que no tiene trabajo y vive de lo que hace en el día junto a su esposo y sus hijos. En total son siete de familia y todos ayudan en la venta ambulante.
Mariela dice que llegó de Tucumán en enero a probar suerte al Alto Valle.
“Nos la rebuscamos vendiendo para pagar el alquiler y para comer. Acá se está un poco mejor que allá. En Tucumán hay mucha inseguridad”, afirma.
Agrega que suelen estar en la terminal, afuera del Poder judicial o en la vereda de 9 de Julio casi Buenos Aires. “Nos levantamos a las siete y a las 9 ya estamos en la calle y a veces nos quedamos hasta la noche para vender algo”.
Finalmente destacó que hasta ahora el municipio los deja trabajar sin problemas.
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