
La música acompañó a Camila Augusto desde la infancia en Chichinales. Su padre tocaba la guitarra; su madre, jujeña, le acercó los ritmos del norte y una historia familiar atravesada por las raíces originarias. Con los años, Camila convirtió esa herencia en canciones propias y en un camino artístico que hoy transita bajo el nombre de Kamikaze.
En “Historias con sabor a mate», recordó también otro recorrido decisivo: el de la universidad pública. Llegó a Fiske Menuco para estudiar Comunicación Social y durante el primer año viajaba diariamente desde Chichinales, con jornadas que podían terminar cerca de la medianoche. Luego ingresó a las residencias universitarias y sostuvo sus estudios con becas de comedor, fotocopias y ayuda económica, mientras tocaba la guitarra en la calle para sumar ingresos.
“Todas esas becas me permitieron terminar mi carrera”, destacó. Hoy es profesora en Comunicación Social, trabaja como docente y es la primera graduada universitaria de su familia.
Entre guitarras, charango y canciones propias, Camila continúa uniendo arte, docencia y comunidad.
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