“Desromantizar no es sacarle la ternura”

Belén Álvaro y Claudia Ramírez retomaron en «Militancia a primera vista» algunos de los debates que atraviesan a los feminismos y las disidencias, desde el reciente Encuentro Plurinacional hasta aquellas prácticas cotidianas que, bajo formas aparentemente inocentes, reproducen viejos mandatos.

El punto de partida fue la masividad del Encuentro realizado en Córdoba y la expectativa por la próxima edición, que tendrá lugar en 2027 en la Ciudad de Buenos Aires. Para las columnistas, estos espacios continúan siendo una referencia para la organización feminista en un contexto político que vuelve a colocar a mujeres y diversidades entre sus principales blancos.

La conversación se desplazó luego hacia las llamadas “revelaciones de género”, celebraciones que anuncian antes del nacimiento si un bebé será “nena” o “nene”, generalmente mediante los tradicionales colores rosa y azul.

Álvaro cuestionó especialmente la idea de “revelar” un género a partir de una ecografía. “Mujer no se nace, se hace”, recordó retomando a Simone de Beauvoir, para señalar que aquello que se presenta como una verdad biológica indiscutible es también resultado de procesos de socialización que comienzan incluso antes del nacimiento.

El debate permitió poner en cuestión el regreso de imágenes profundamente binarias: mamá y papá, rosa y azul, varón y mujer como únicas posibilidades. También recuperaron las experiencias de las corporalidades trans e intersex y los efectos que puede producir una idea rígida de “normalidad” sobre quienes quedan fuera de esos parámetros.

Para Álvaro, no se trata simplemente de criticar una fiesta o transformarse en “aguafiestas”, sino de observar qué sentidos se vuelven naturales detrás de los globos, las tortas y las celebraciones.

“Desromantizar no es sacarle la ternura”, sostuvo. Se trata, explicó, de quitar aquello que decora determinadas prácticas para poder preguntarse de qué están hechas, qué relaciones de poder reproducen y qué otras formas de criar pueden construirse sin imponer desde el comienzo una única manera posible de ser.

La pregunta quedó abierta: ¿cómo criar sin convertir el binarismo de género en destino?