A 24 años de la Masacre de Avellaneda, en la que fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki durante la represión policial en el Puente Pueyrredón, Leo Santillán, hermano de Darío, reflexionó sobre la vigencia de su legado y la necesidad de fortalecer la organización popular frente al contexto social y político actual.
En diálogo con Antena Libre, sostuvo que la figura de Darío «atraviesa el pasado, el presente y también interpela el futuro» porque representa una forma de militancia basada en la solidaridad, la construcción colectiva y el compromiso con quienes más lo necesitan. Recordó que el joven militante fue asesinado mientras asistía a Maxi Kosteki, un compañero al que ni siquiera conocía, y afirmó que ese gesto sintetiza los valores que guiaron toda su vida.
Para Santillán, el ejemplo de Darío permanece vigente porque demuestra que otra forma de hacer política es posible. «No se trata de un salvador, sino de alguien que construía junto a sus vecinos, pensando siempre en el otro», señaló. También destacó que, antes de ser asesinado, impulsaba proyectos comunitarios, talleres de formación, espacios para las juventudes y experiencias de organización barrial.
Durante la entrevista recordó cómo, tras la represión del 26 de junio de 2002, gran parte de los medios reprodujo la versión oficial que hablaba de un supuesto enfrentamiento entre manifestantes. Recién la difusión de las fotografías que mostraban el asesinato de Darío permitió desmontar ese relato y exponer la responsabilidad política y policial en la masacre.

Al analizar la actualidad, expresó su preocupación por la fragmentación social y la dificultad para construir respuestas colectivas frente al ajuste. Sin embargo, consideró que la indignación existe y que el desafío pasa por transformarla en organización. «La organización es lo que hace falta», afirmó, reivindicando la unidad entre distintos sectores sociales para enfrentar las políticas que afectan a trabajadores, jubilados y sectores populares.
Leo sostuvo que mantener viva la memoria de Darío y Maxi no implica quedarse en la nostalgia, sino recuperar sus enseñanzas para el presente. «No hace falta ser igual a Darío; hace falta entender esa forma de estar con el otro, de construir desde abajo, con horizontalidad, con formación y con compromiso», explicó.
También valoró el acompañamiento recibido durante más de dos décadas por organismos de derechos humanos, militantes y referentes como Nora Cortiñas y Vicente Zito Lema, quienes acompañaron el reclamo de justicia desde el primer momento. En ese sentido, remarcó que la lucha continúa no sólo para mantener viva la memoria de Darío y Maxi, sino también para exigir juicio y castigo a todos los responsables políticos de la represión.
Las actividades por el 24º aniversario incluyeron conversatorios, proyecciones, murales y jornadas culturales en distintos puntos del país. El cierre será este jueves 25 de junio en la estación Darío y Maxi, en el Puente Pueyrredón, con un festival que volverá a reunir a organizaciones sociales, culturales y de derechos humanos para reafirmar una consigna que, según Leo Santillán, sigue teniendo plena vigencia: «No estamos solos. La memoria popular sigue construyéndose todos los días».
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