Salud mental en Argentina: la UBA alertó por el malestar en jóvenes, el deterioro del sueño y las barreras de acceso a tratamiento

La Universidad de Buenos Aires volvió a poner en agenda un tema que atraviesa cada vez con más fuerza la vida cotidiana: la salud mental de la población argentina. A partir de un nuevo relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada, investigadores de la Facultad de Psicología advirtieron sobre un escenario preocupante, marcado por altos niveles de malestar emocional, dificultades para dormir, impacto de la crisis económica y obstáculos concretos para acceder a tratamientos.

En diálogo con Antena Libre, el subsecretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA, Cristian Garay, explicó que el estudio se realiza todos los años y evalúa ansiedad, depresión, malestar psicológico, riesgo de padecer trastornos mentales y conductas asociadas a mayor o menor bienestar. Entre los datos más destacados, señaló que los niveles más altos de malestar siguen concentrándose en la población joven, especialmente entre los 18 y 35 años, una tendencia que se mantiene desde la pandemia.

Garay indicó que también existe una correlación muy fuerte entre menores ingresos y peores indicadores de salud mental. En ese marco, subrayó que cerca de la mitad de las personas que reconocen necesitar atención psicológica no pueden acceder a ella, principalmente por razones económicas o por falta de servicios disponibles.

Otro de los puntos que preocupa es el deterioro del sueño. Si bien eso no implica necesariamente trastornos severos, sí muestra una caída en la calidad del descanso, en parte asociada al uso intensivo de pantallas y tecnologías digitales. A eso se suma el uso creciente de inteligencia artificial como sustituto del acompañamiento profesional, algo que Garay consideró riesgoso por la falta de criterio clínico y por la posibilidad de validar conductas peligrosas.

El especialista remarcó además que la pandemia dejó secuelas profundas y prolongadas, con un aumento muy fuerte del riesgo de padecer trastornos mentales durante 2020 y 2021. Frente a este panorama, planteó la necesidad de fortalecer el acceso a la atención, ampliar los dispositivos de salud mental y promover hábitos protectores, como la actividad física, la vida social y comunitaria y las estrategias de acompañamiento profesional.