MediaLab – Discurso ofensivo: de la política a la vida cotidiana

Fabián Bergero analiza el crecimiento del discurso ofensivo en la esfera política y mediática, y sus consecuencias para la sociedad. Un informe del diario La Nación revela que el presidente argentino pronunció 4.149 insultos y descalificaciones en su primer año de gestión. En los primeros 100 días del segundo año, sumó 611 más, 57 con connotaciones sexuales. Este lenguaje, que analistas interpretan como distractor de otros problemas, se ha filtrado en medios y redes, naturalizando el uso de insultos y agresiones verbales.

Bergero traza un paralelismo con Donald Trump, cuyo “metadiscurso” —descrito por The New York Times— crea una realidad paralela basada en mentiras, deslegitima a la prensa crítica y señala “enemigos” internos. En ambos casos, el líder se erige como árbitro de la verdad, habilitando un clima hostil que puede derivar en violencia física contra periodistas y otros profesionales.

La naturalización del insulto, advierte Bergero, no es inocua: fomenta un clima de odio y autocensura. El temor a represalias lleva a periodistas e investigadores a moderar sus críticas, afectando el derecho a la información y debilitando la libertad de expresión.

Más que reírse de los agravios, Bergero llama a analizarlos y cuestionarlos. El riesgo es que este lenguaje se arraigue en la sociedad, reproduciéndose incluso entre los más jóvenes y erosionando la convivencia democrática.

Reproducir