La socióloga y docente de la Universidad Nacional del Comahue, Belén Álvaro, analizó la creciente tendencia a presentar como beneficiosas todas las consecuencias de las políticas extractivistas. Planteó la necesidad de problematizar estos discursos y pensar críticamente qué tipo de desarrollo se impulsa en los territorios.

En los últimos días, varios medios destacaron supuestas bondades asociadas a la expansión de la matriz extractiva en Río Negro, como la llegada de fondos petroleros a municipios de la Línea Sur o la integración formal de la provincia al proyecto político-económico de Vaca Muerta, a pesar de que geológicamente no forma parte de la formación. Álvaro subrayó que estos anuncios suelen aparecer en la “fase de instalación” de los proyectos, y que allí los mensajes positivos son insistentes y masivos.
Sin embargo, investigaciones académicas demuestran que las promesas de dinamización económica rara vez se sostienen en el largo plazo. Álvaro citó estudios que evidencian cómo el mapa de la pobreza en Argentina coincide con el de los territorios donde operan industrias extractivas.
“No hay derrame. Las inversiones se concentran en la cadena de extracción, pero no generan desarrollo sostenible para las comunidades”, señaló.
Además, advirtió sobre las consecuencias ambientales, muchas de ellas irreparables, como los derrames o la contaminación de napas, que rara vez se evalúan o se sistematizan con rigurosidad. También cuestionó que no se está cumpliendo adecuadamente con la Ley General del Ambiente, que exige que las empresas prueben que no generarán daño antes de iniciar la actividad.
Por último, planteó una reflexión necesaria: “¿Qué queremos para nuestros territorios? ¿Qué tipo de relación con el ambiente estamos dispuestos a sostener?”. En tiempos donde se anuncian megaproyectos sin garantías jurídicas ni planificación de infraestructura, Álvaro invita a poner en el centro del debate a las poblaciones que habitan los territorios, y no solo a las promesas de los capitales que los transitan.

