
Fabián Bergero analizó la creciente presencia de juguetes equipados con inteligencia artificial (IA), como ositos que hablan y muñecas que interactúan. Recientemente, la Fundación Fair Play alertó sobre los riesgos de estos dispositivos, capaces de mantener conversaciones, reconocer rostros y recopilar datos personales.
Bergero subrayó el peligro de la dependencia emocional, citando el trágico caso del adolescente Adam Ryne. «Estos sistemas simulan empatía y amistad, creando vínculos artificiales que pueden suplantar la interacción humana real, fundamental para el desarrollo», advirtió. Además, cuestionó el modelo de negocio detrás de estos «amigos virtuales», diseñados para extraer información íntima de menores y alimentar bases de datos comerciales.
Concluyó con una alerta: detrás de la aparente simpatía de estos robots, existen algoritmos programados para captar la atención y los datos de los más vulnerables.

