
En el micro MediaLab, Fabian Bergero, analizó el impacto de la adicción a las pantallas en niños y adolescentes, tomando como referencia el libro La generación ansiosa de Jonathan Haidt. El diagnóstico es preocupante: el uso intensivo de redes y videojuegos se vincula al aumento de ansiedad, autolesiones y hasta suicidios. Mientras las chicas buscan modelos irreales en redes como Instagram, los varones se vuelcan a juegos atravesados por la competencia y la violencia.
Ante este panorama, se plantea la necesidad de “reprogramar las redes” y recuperar el juego fuera de las pantallas, especialmente hasta los 13 años. Esto implica fomentar la calle, la plaza y el recreo escolar como espacios de encuentro.
Las soluciones deben darse en tres niveles: padres que limiten el acceso a dispositivos, escuelas que restrinjan teléfonos y amplíen recreos, y Estados que regulen a las plataformas digitales. El desafío: equilibrar tecnología y bienestar para las nuevas generaciones.
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