Benjamín Avila y «La Mujer de la Fila», su última película

El 4 de septiembre se estrenó el segundo largometraje de ficción dirigido por Benjamín Avila, uno de los nuevos directores del cine argentino, que esta vez se propuso contar en la pantalla grande, a partir de la historia real de Andrea Casamento, encarnada «magistralmente», según él mismo ha dicho, por Natalia Oreiro, en un roll bastante diferente de los personajes que le ha tocado interpretar en cine.

Viene de dirigir el documental «Nietos» y la ficción «Infancia Clandestina», ambas inspiradas en su propia experiencia de vida, ya que su madre es una de las desaparecidas de la última dictadura militar argentina. Pero en esta nueva película aborda otro tema que nos involucra a todos como sociedad, en donde las injusticias son parte de nuestra democracia.

«La Mujer de la Fila» cuenta la circunstancia de una madre que debe visitar a su hijo en un penal de Buenos Aires y da cuenta de cómo es la otra parte de la vida carcelaria, esa de la que no se habla tanto, esa que involucra a lxs familiares de aquellos que están en condición de encierro. Benjamín se encarga de aclarar que por lo general son mujeres, en un porcentaje muy alto, quienes visitan gente en las cárceles, ese fue uno de los datos que empezaron a manejar en la investigación previa y determinante para imprimirle contexto real a la ficción.

Hay una diferencia muy grande en el tratamiento del tema carcelario con respecto a otras producciones que se vienen viendo en el país, en donde muchas veces se exageran detalles y se ensalza la dramatización en función de un producto comercial que persigue otros objetivos. En este sentido, Benjamín Avila sostiene que ese tipo de películas y series afecta muchísimo a aquellas personas que tienen familiares cumpliendo una condena, porque contribuyen a aumentar los prejuicios sobre algo que en la realidad funciona de manera bien distinta.

La historia de Andrea le llegó a él a través de una charla TED en la que participaba brindando su testimonio como protagonista real. Se dió cuenta que la historia tenía todos los ingredientes para un buen guión cinematografico: hay una situación social concreta, una condición de encierro, una coyuntura de injusticia, y también una historia de amor. Pero en la película se pone el foco en la problemática de las personas que deben ocuparse de un familiar detenido, y en cómo el sistema carcelario, la justicia y los prejuicios sociales reinantes, van erosionado esa vida.

Tal como sucedìa en «Infancia Clandestina», con aquella escena donde sonaba una canción escrita en 1931 por Enrique Santos Dicépolo, pero reinterpretada por Natalia Oreiro y Ricardo Mollo; en «La Mujer de la Fila» se produce otro de esos momentos inolvidables que tiene el cine, cuando en una escena comienza a sonar Canción de las Simples Cosas, un hermoso poema escrito por Armando Tejada Gòmez y musicalizado por Cèsar Isella allá por 1979, una letra que ya forma parte de nuestra identidad y la volvemos a escuchar aquí otra vez, reforzando el relato, y también en las voces de Natalia Oreiro y Ricardo Mollo.

La pelicula «no tuvo ningún tipo de financiamiento oficial y logró terminarse por el propio interes de inversores privados que creyeron en el proyecto», cuenta Benjamín. Y hace la diferenciación entre ‘cine de bajo presupuesto’ y ‘cine independiente’ de autor, ya que este último no necesariamente debe tener bajos recursos. Sostiene que la ley de cine nacional implementada en 1993, y que el actual gobierno no está implementando, está al nivel de Francia y otros países europeos, en el sentido que posibilita hablar de los temas que se proponen desde la autoría de una obra, sin que ello repercuta en los recursos de producción.

Benjamín coincide en que los escenarios de crisis son fértiles para que nazcan nuevas formas y muchos temas de los que hay necesidad de hablar, lo cual ya sucedió en la Argentina de los ’90, con el advenimiento del llamado ‘nuevo cine argentino’ y películas como «Mundo Grúa», o «Pizza, Birra y Faso», producciones que aportaron aire fresco a lo que se venía produciendo. No se muestra acéptico en este sentido, porque dice que siempre surgen cosas nuevas en los contextos opresivos, pero confía en que «los vientos van a cambiar», porque «siempre cambian».