
Raúl Milipil es mucho más que el dueño de la gomería Neptuno, en el cruce de San Juan y San Martín, en el barrio Bagliani de General Roca. Nacido en la meseta de El Cuy, criado entre jarillas y peonadas rurales, su historia incluye también mares lejanos y cubiertas rotas, pero sobre todo, canciones. Porque Milipil no solo repara ruedas: también canta tangos, milongas, boleros, melódicos… y hasta algún blues de Pappo, si lo apuran.
Desde hace 33 años, su gomería es lugar de encuentro, trabajo y fiesta. Celebró su aniversario número 32 con un asado y la orquesta sinfónica municipal tocando en el patio, entre llaves cruz y calibradores. El año pasado, además, cumplió otro sueño: cantar con la sinfónica frente al municipio.
Milipil ensaya con un amigo guitarrista y prepara un recital íntimo con una lista de 12 tangos. Recuerda sus primeros cantos entre los montes, su primer “no” en una audición, y su persistencia. Formó a más de 150 gomeros y tiene claro que, entre música y cubiertas, ha tejido una vida singular.
«Restregarse con arena el paladar», dice Raúl. La frase lo pinta entero: duro y sensible, curtido y poético. Un gomero cantor, de esos que dejan huella.

