Durante el fin de semana se conoció del fallecimiento de la madre del joven asesinado en Viedma. El 15 de junio de 2008 fue encontrado el cuerpo de Atahualpa Vinaya Martínez, con un balazo calibre 22 en la espalda, en un descampado de las afueras de Viedma. Desde entonces, su madre se movilizó para encontrar a los culpables. Atahualpa  Martínez  Vinaya era un chico de 19 años que tenía raíces mapuches y aymara.  “Ata”, como lo conocían todos, estaba por terminar el quinto año el secundario. El caso sigue impune.

La muerte de Vinaya provocó un profundo dolor entre quienes la acompañaron durante estos diez años de búsqueda de los responsables de la muerte de su hijo. Julieta se movilizó, junto al acompañamiento de parientes, amigos y organizaciones sociales  para encontrar a los responsables de la muerte de su hijo. Su hipótesis era que “ el crimen tiene que ver con la noche, la policía, la droga y la política de Río Negro. Siempre supimos eso. Ata vio algo que no tenía que ver y él era un joven al que le molestaban de sobremanera las injusticias. En el barrio La Toma lo querían mucho por su trabajo social y solidario y a muchos inescrupulosos le molestó.”

Al igual que el padre de Daniel Solano, Gualberto, quien falleció durante la sustanciación del juicio por su secuestro y asesinato de su hijo, Julieta no pudo ver en la cárcel a los responsables de la muerte de Atahualpa.

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Varias organizaciones se sumaron ayer para recordar a Julieta, entre ellas, la CTA “Atahualpa se sumó a la serie de asesinatos aún impunes en Río Negro, y por ello la central obrera exigió dilucidar la actuación de la ex fiscal Daniela Zágari y del ex juez de primera instancia Carlos Reussi (ambos camaristas penales) y del ex fiscal Ricardo Falca, ahora jubilado. Desde hace dos años el Consejo tiene la posibilidad de llevar adelante un juicio político hacia estos miembros, intervinientes en el caso del hijo de Julieta, a quienes se acusa de haberlo entorpecido”.

Ata” Junto a un grupo de vecinos había participado de la toma de terrenos 30 de octubre, donde estaba construyendo una casilla de madera para su hermana, que tenía una hija de dos años. Desde siempre había vivido en Viedma, capital de Río Negro pero viajó  por la Línea Sur de la provincia, donde tenía parientes de origen mapuche. También  acompañó a su madre a Bolivia, donde le impacto la tremenda pobreza de la gente.

Desde ese viaje decidió que sería médico, era una de las formas que podría ayudar después de encontrarse con dos realidades que lo habían impactado según cuenta su mamà, Julieta Vinaya. El 14 de julio Atahualpa salió con un amigo a dar unas vueltas por Viedma y entraron en el bar Miloca.

Cuando su compañero lo ve por última vez, después de ingresar al baño, Ata estaba dentro del local.  Esa madrugada, “Ata” desaparece pero es encontrado muerto a cinco kilómetros  del lugar con un tiro en la  espalda que había perforado su pulmón. Según el testimonio de los dos “patovicas” del bar, no vieron al joven salir del lugar.

Lo que mas le llamó la atención a la mama de Atahualpa, Julieta Vinaya es que Ata tenía sus zapatillas limpias cuando esa noche había llovido en la zona. La investigación llevada adelante por la justicia comenzó con una apuesta a la hipótesis que el caso estaba relacionado con el tráfico de drogas. Inmediatamente los vecinos y la comunidad educativa del colegio secundario donde cursaba Ata salieron a desmentir esa versión.

Los imputados por el caso por el  juez de Instrucción Nº 4 de Viedma, Carlos Reussi fueron Melisa Belén Fernández Barrientos, Felipe Carrasco y Carlos Morales Toledo. De acuerdo a lo publicado por el diario Tiempo Argentino, se trata de punteros políticos vinculados al radicalismo y dedicados a la comercialización de drogas.

Carlos Morales Toledo, en declaraciones que realizó estando detenido, afirmó que le plantaron pruebas y que es inocente. Una situación que generó dudas es que apenas comenzó la instrucción, la fiscal Daniela Zagari asistió a un encuentro de capacitación.

A cargo de la causa quedó el fiscal subrogante Ricardo Falca que “sólo hizo una inspección ocular en el boliche Miloca. Jamás lo allanaron”, se quejó la madre de Atahualpa.


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“Desde el juzgado me dicen que tenemos a los asesinos, los que lo ejecutaron, pero yo quiero saber quién dio la orden, quién es tan poderoso para tapar durante cinco años todo. La investigación avanzó y avanza sólo porque salimos a la calle”, afirmaba Julieta Vinaya Martínez.

El caso Martínez Vinaya llegó a juicio oral en el 2014, con tres imputados civiles, dos hombres y una mujer, que fueron absueltos “por falta de pruebas”.

En abril del año pasado, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Río Negro anuló el fallo que absolvió a los tres imputados y ordenó que se reabra la causa con la incorporación como prueba de una campera con manchas de sangre de la víctima, que había sido desechada en el juicio oral.