Las publicaciones fueron realizadas por el GESA concentrándose en dos actores de la economía frutícola como son los trabajadores “golondrínas” y los pequeños productores frutícolas.En trabajo rural enfocamos la actividad en la zona fruticolas y las travesías migratorias con un compendio de zonas de Brasil y de México” explicó la doctora Mónica Bendini. “Hay sectores dentro de la cadénas agrícolas que estan invisibilizados y podemos decir que estos migrantes que viene ahora del norte es uno de estos sectores, que junto a los pequeños productores son subalternos a las grandes empresas explica la docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. La presentación de los libros se realizará el 20 de noviembre, a las 20 hs, en la Biblioteca Central de la UNCo.

En trabajo rural se abordan temas como “historia de la vulnerabilidad social de los “golondrinas” en la cuenca frutícola del Río Negro, trabajadores transitorios frutícolas con proyectos migratorios, y los trabajadores rurales en la construcción del territorio del Alto Valle de Río Negro”.El libro toma dos historias de estrategias de las familias migrantes de Santiago del Estero y Tucumán” explica Bendini que aclara que “acá hubo una sustitución de migrantes que venía de Chile, después del conflicto de Beagle los trabajadores viene de Tucuman, Santiago del Estero, de Jujuy y algunos de Bolivia. En el libro “los ámbitos de la pluriactividad agro, poblados y ciudades” se vuelca un trabajo de investigación de docentes de la FADECS, de la Rioja y del centro de la provincia de Buenos Aires. El trabajo aborda la pluriactividad, es decir la actividad que debe hacer el chacarero para completar sus ingresos diarios. “No solo tienen que ver con estrategias de mantenimiento si no también de expansión” explica Bendini quien hace mención de un “proceso de concentración y desplazamiento” de la economía. La docentes hace una diferencia entre chacarero y productor. El primero tiene una economía de mantenimiento, el segundo se inserta en el sistema. El estudio pone el acento en que tanto trabajadores golondrinas como productores no sólo son agentes económicos si no “actores sociales”.